La cultura como eje vertebrador del desarrollo sostenible*
Una cultura entendida como base del desarrollo humano suscita una reflexión profunda respecto a los factores que la pueden destacar como el punto central de las actividades humanas. Precisamente es esta necesidad de incrementar y desarrollar las diversas relaciones entre las diferentes esferas en las que se desenvuelve el ser humano, lo que hace necesario la existencia de una política cultural que sepa regular y fomentar el desarrollo cultural, reforzado desde la imaginación a través de la creatividad, la innovación y la invención. Una política cultural que deberá además liderar un proceso de conocimiento, valorización y salvaguardia de la diversidad o diversidades culturales que encontramos en los diferentes lugares y ser la garantía de la libertad de expresión y creación de todos los pueblos.
Esta política cultural a la que estamos haciendo referencia, deberá promover diversas estrategias de gestión que contribuyan al uso de la cultura por parte de los diferentes actores de la sociedad, que tengan como objetivo un desarrollo humano “sensible a todos los problemas de naturaleza cultural”(UNESCO/N.D.C./ 1995:155)(1). lo que se verá reflejado en aspectos tales como:
- reconocer que la creación cultural y el patrimonio son aspectos claves que contribuyen a la calidad de vida de los diferentes lugares;
- entender que los sectores asociados a la cultura como las industrias culturales son áreas en plena expansión que contribuyen al desarrollo económico (2);
- incentivar la creación de nuevos públicos y formar a los ya existentes.
Si afirmamos, como es nuestro caso, que las políticas culturales deben sostener la cultura como factor principal del desarrollo cotidiano de las personas, debemos considerar la urgente necesidad de que la cultura sea entendida y valorada por todos tanto por su valor de contemporaneidad como por el rol importante que representa en un momento en el que la propia evolución de la ciencia y de la tecnología (que también deben ser entendidas desde su valor cultural) favorecen el aparecimiento de nuevos aspectos de la vida moderna tales como el aumento de los tiempos de ocio, la especialización del turismo y el incremento del consumo y la demanda de servicios culturales. Desde ahora, la cultura desde sus sectores (patrimonio cultural e industrias culturales) deja de ser vista como una mera lacra para la economía y se transforma en autentico vector de desarrollo comunitario, local, territorial o nacional.
Las formas que la cultura adopta al transformarse en el Capital Cultural, y las estrategias que permiten el uso y consumo de dichos capitales, pueden ser analizadas a través de la valorización de los productos culturales (objetos, experiencias, hábitos,…). A partir de esta valorización, podemos regular la mercantilización del capital cultural.
Una vez en el mercado, los diferentes sectores culturales requieren estrategias específicas que integren el consumo final de los bienes o servicios culturales y mantengan sus cualidades de autenticidad, identidad, creatividad…
La cultura así entendida, es equivalente al propio desarrollo cultural. Para Miralles, los pilares fundamentales de este tipo de desarrollo son la creación y la ciudadanía (Miralles en Gómez de
Desde el ámbito del Desarrollo Cultural se entiende que deben buscarse las formas adecuadas de integrar los factores culturales en todas las actividades encaminadas al desarrollo social y económico que promuevan al mismo tiempo la comprensión y el reconocimiento entre culturas. Entre los aspectos más importante relacionados con dicho desarrollo cultural, tenemos que destacar la importancia del respeto de los derechos culturales (sin estos no es posible hablar de una dimensión cultural del desarrollo); la necesidad de salvaguardar la diversidad cultural y el fomento de la creatividad. (A/RES/49/105/1995). Esto se comprende si se tiene en consideración que:
- El respeto por la diversidad cultural, los derechos culturales y el desarrollo cultural de todos favorece el pluralismo cultural contribuyendo a un intercambio mutuamente beneficioso de conocimientos y antecedentes culturales (realizaciones intelectuales, morales y materiales) y a la comprensión de éstos, promueve el ejercicio y disfrute en todo el mundo de los derechos humanos universalmente aceptados y fomenta las relaciones estables y amistosas entre todos los pueblos y naciones (Cf. A/RES/54/160/2000:2).
- Al formar parte todas las culturas del patrimonio común de la humanidad (cada una posee una dignidad y un valor únicos) (Cf. Ibid.), la diversidad cultural y el desarrollo cultural de todos los pueblos son la fuente de enriquecimiento mutuo para la vida cultural de la humanidad (A/RES/58/167/2004).
- Todas las culturas y civilizaciones comparten valores universales comunes
En relación a los derechos culturales, y según Karetu, diremos que “comprenden los medios de que disponen las personas para comunicar su sentido de la identidad, ya sea como miembros de una comunidad específica o de una nación en su conjunto” (Karetu en Op. cit.:29), y la identidad cultural “puede manifestarse con la utilización de objetos comunes (indumentaria y adornos), con prácticas (lengua, música y danzas), con un saber compartido (valores comunes), y con la interpretación del pasado (Ibid.) (3).
La diversidad cultural, a su vez, “se refiere a la multiplicidad de formas en que se expresan las culturas de los grupos y sociedades. Estas expresiones se transmiten dentro y entre los grupos” (UNESCO/CPPDEC/2005:6). Sirve pues para nombrar las diversas formas que la cultura adquiere a través del tiempo y el espacio y se manifiesta tanto “en las diversas formas en que se expresa, enriquece y transmite el patrimonio cultural de la humanidad mediante la variedad de expresiones culturales, como a través de distintos modos de creación artística, producción, difusión, distribución y disfrute de las expresiones culturales, cualesquiera que sean los medios y las tecnologías utilizados”(Op. Cit.:7).
Así entendida, esta diversidad cultural es la clave del desarrollo humano, integral, endógeno y sostenible, ya que debido a la complejidad y rápida evolución de la vida moderna es necesaria una constante adaptación que sólo mediante los aportes de la diversidad cultural somos capaces de alcanzar (Cf. Federico Mayor en UNESCO/Estocolmo/1998: 87). La diversidad de bienes culturales es importante “porque aumenta las opciones del consumidor y enriquece la experiencia cultural de la gente.” (PNUD, 2004:11)
Ana María Barbero Franco
Prof. Auxiliar Instituto Piaget Viseu
* Artículo extraído de
Universidad de Salamanca, Departamento de Historia del Arte y Bellas Artes
1. Desde
2. Hemos tomado como referencia las palabras de Catarina Vaz Pinto (Secretaria de Estado del Ministerio de Cultura Portugués en el año 1999), en su discurso de clausura del ciclo de conferencias “El Desafío de
el reconocimiento de que la creación y el disfrute culturales son un criterio determinante de la calidad de vida, de la valorización personal y social, de la prevención y revolución de los fenómenos de exclusión; en que las industrias culturales y las demás actividades del sector tienen perspectivas de crecimiento, de creación de riqueza y de empleo, (…); en que la actividad cultural puede constituir un factor estructurante del tejido urbano y social y contribuir significativamente a reducir las asimetrías regionales (Cf. Vaz Pinto en Sousa, 1999:323).
3.En relación a este tema de los derechos culturales, en
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