La cultura como servicio a la población y como signo de calidad de vida para los ciudadanos debe orientarse al ciudadano o usuario de la misma, y las políticas culturales deberían tener como misión desarrollar tácticas que tengan una labor de planificar de forma estratégica los valores y componentes de la sociedad como son las artes y la vida cultural, incluyendo la protección del patrimonio cultural. Es decir, su objetivo principal sería servir de interlocutor en el diálogo entre los ciudadanos y sus diferentes formas de expresión, creando los recursos y las infraestructuras necesarias para que unos y otros lleguen a entenderse y puedan favorecer el desarrollo cultural.

El papel dinámico que asume la cultura en un desarrollo centrado en el hombre subraya la importancia que asume la dimensión cultural del desarrollo dentro de la perspectiva del establecimiento de un nuevo orden económico internacional, del fortalecimiento de la paz y de la comprensión internacional (Cf. (UNESCO, (1978)/20C/Resoluciones, 4/01).

Ana María Barbero Franco, Prof. Auxiliar Instituto Piaget